lunes, 28 de mayo de 2007

CLIMAS CALIDOS

Los climas cálidos tienen unas temperaturas muy elevadas, superiores a 22º de media anual. Sus paisajes son muy variados y sus diferencias dependen de las lluvias.
Los climas cálidos se localizan a ambos lados del ecuador. Desde el ecuador a los trópicos se suceden los tres tipos principales de clima cálido:




El clima ecuatorial




En la zona ecuatorial las lluvias se suceden sin interrupción durante todo el año. El total de precipitaciones es muy elevado -por encima de los 1.500-2.000mm- con pequeños máximos en primavera y otoño.
Las lluvias se producen, generalmente, por ascendencia dinámica al converger los vientos alisios de ambos hemisferios y, en menos ocasiones, por ascendencia térmica debido al recalentamiento del suelo. Ello hace que los ríos de la zona ecuatorial sean los de caudal más abundante y regular de la Tierra.
Las temperaturas son prácticamente uniformes a lo largo del año, como consecuencia de la perpendicularidad con que inciden los rayos solares.
Al no existir apenas oscilación a lo largo del año ni en las temperaturas, ni en las precipitaciones, sólo existe una estación, que es cálida y húmeda.
El ambiente, muy "pesado" por el calor y la humedad (casi de sauna), es propicio al desarrollo de una vegetación exuberante, siendo la selva la formación vegetal típica. En ella existen gran variedad de especies vegetales, desde árboles de gran tamaño (40-50 m) hasta plantas casi microscópicas, pasando por árboles y arbustos de tamaño medio (10-20 m.); y todo ello complicado por una maraña de lianas que trepan por los árboles a la busca de luz.


El clima tropical



Es igualmente caluroso durante todo el año, aunque con una amplitud térmica algo mayor, que aumenta conforme nos alejamos del ecuador. La selva se clarifica y deja paso paulatinamente a la sabana a medida que avanzamos en latitud. Aquí ya aparece una estación seca, el invierno. Durante esta estación, la zona entre 5º y 25º de latitud N y S queda bajo el dominio del alisio seco que sopla desde el continente, mientras que en el verano está bajo el dominio de la zona de convergencia intertropical, produciéndose lluvias cuantiosas.
Se pasa así , progresivamente del clima ecuatorial al clima tropical con alternancias de dos estaciones bien definidas, una húmeda y otra seca. La existencia de una estación seca más o menos larga según las zonas, requiere que las plantas se adapten evolutivamente a la sequía endureciendo sus tallos y hojas y reduciendo su tamaño. Se da así una formación vegetal, la sabana, caracterizada por la abundancia de hierbas altas y arbustos de pequeño tamaño con algunos árboles dispersos, que resulta excelente hábitat para los grandes depredadores y herbívoros, y que, a menudo, el hombre dedica a la explotación ganadera.
En el sur de Asia, debido a la inmensidad del continente, el clima tropical con estación húmeda adquiere características propias, extendiéndose hasta zonas que por latitud deberían ser desérticas. Ello se debe a la presencia de los monzones. En invierno, sobre la zona, sopla el alisio del continente -monzón de invierno- que al ser frío y seco determina una estación sin lluvias. En verano, el alisio del hemisferio sur cruza el Ecuador y se desvía convirtiéndose por la fuerza de Coriolis, en viento del Suroeste -monzón de verano-. Se trata de aire tropical marino, cálido y húmedo, que al llegar al continente choca contra el aire continental seco, elevándose por encima de éste, lo que da lugar a abundantes lluvias. Este mecanismo se acentúa cuando hay montañas.


Estepas y desiertos



A la altura de los trópicos aparecen unos climas cuyo rasgo definitorio es la aridez, que determina enormes extensiones de suelo sin vegetación alguna, desorganización o ausencia total de redes fluviales, así como una bajísima densidad de población animal y humana.
En los desiertos tropicales las precipitaciones anuales son inferiores a 100 mm. anuales. La causa principal de esta falta de lluvias radica en las altas presiones subtropicales, a lo que se suman la continentalidad, las grandes barreras montañosas y las corrientes marinas frías.
Se distinguen dos tipos de desierto tropical: continental y costero.
En los desiertos continentales el elemento condicionante del régimen termopluviométrico, además de las altas presiones, es la continentalidad que acentúa la sequía y la oscilación térmica diaria. En una atmósfera con muy escasa cantidad de vapor de agua (humedad relativa 25% a 30%) el calentamiento del suelo durante el día es muy intenso alcanzándose temperaturas de hasta 50º C. Durante la noche la irradiación de calor es también muy fuerte, pudiendo descender la temperatura hasta los 0º C. e incluso menos. Las escasas precipitaciones que se registran son debidas a la penetración esporádica de aire marítimo ecuatorial o tropical en las márgenes del desierto, que ocasiona lluvias de tipo torrencial. Es normal que de muy tarde en tarde caiga en pocas horas una cantidad mayor de lluvia que el total de uno o varios años. El caso más extremado y característico de este tipo de desierto es el Sahara, cuyo margen meridional registra precipitaciones ligeras originadas por la zona de convergencia intertropical en su desplazamiento estival hacia el Norte, mientras que la margen septentrional las recibe del frente polar, que muy ocasionalmente alcanza estas regiones en su avance invernal hacia el sur. Así, en los bordes del desierto aparecen estrechas franjas esteparias que flanquean no sólo éste sino todos los desiertos y constituyen zonas de transición hacia climas menos secos. Tan escasa cantidad de lluvias permite sin embargo la existencia de vegetación discontinua en el espacio, raquítica y pobre, compuesta por plantas xerófilas, adaptadas a la escasez de agua. Estas plantas, vestigios residuales de las que en épocas anteriores -más húmedas- poblaron las zonas que hoy son estepas y desiertos, subsisten gracias a haberse adaptado a un medio cada vez más hostil, reduciendo su ciclo vegetativo, endureciendo sus tallos y hojas, desarrollando su capacidad para almacenar agua en hojas carnosas, etc.



Los desiertos continentales tropicales se prolongan hacia el Oeste en los desiertos costeros. Estas franjas costeras reciben la influencia de los anticiclones marítimos subtropicales que emiten vientos subsidentes muy estables y secos. Al descender sobre las aguas del océano recorridas por las corrientes frías -la de Humboldt en Chile, la de Benguela en Namibia, la de Canarias en la costa Oeste africana-, estos vientos se enfrían, pero su bajo contenido en vapor de agua únicamente permite que, al abordar el continente, produzcan nieblas y rarísima vez lluvias. Gracias a estas nieblas pueden subsistir algunas plantas que como la Tillandsia, han sido capaces de adaptarse para obtener directamente del aire la humedad necesaria para su desarrollo. El efecto más importante de las corrientes marinas es que moderan las temperaturas, de forma que la variación entre la temperatura media del mes más cálido y la del mes más frío no suele ser superior a 6º C, y las amplitudes térmicas diarias son muy bajas. Este es el rasgo más importante que caracteriza el régimen térmico de los desiertos costeros tropicales frente al de los desiertos continentales.